
El Perú enfrenta un escenario climático preocupante ante la posible intensificación del fenómeno de El Niño, que podría alcanzar condiciones extraordinarias durante los próximos meses. Según el comunicado del 16 de octubre de 2026 de la Comisión Multisectorial ENFEN, el calentamiento anómalo del mar se mantendría hasta 2027, elevando el riesgo de lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos. Esta situación amenaza especialmente a la industria minera y podría repercutir en la economía y la población de diversas regiones del país.
La minería peruana, uno de los principales motores económicos del país, podría enfrentar importantes dificultades si se intensifican las condiciones asociadas al denominado “Meganiño”. Las precipitaciones extremas y los huaicos podrían bloquear carreteras utilizadas para transportar minerales, combustibles, maquinaria e insumos, ocasionando retrasos en las exportaciones e incrementando los costos operativos. Asimismo, las inundaciones podrían comprometer instalaciones y sistemas de drenaje, obligando a suspender temporalmente determinadas actividades para proteger a los trabajadores y la infraestructura. En contraste, las menores precipitaciones previstas para algunas zonas del sur podrían reducir la disponibilidad de agua, un recurso fundamental para el procesamiento de minerales. Estos problemas también podrían reflejarse en menores ingresos, mayores gastos y pérdidas de activos en los estados financieros de las compañías mineras.
«Estos fenómenos afectan infraestructura crítica, carreteras, puentes y servicios, impactando directamente la logística y la continuidad operativa de las actividades mineras.»
El riesgo económico adquiere mayor relevancia si se considera que, según el Ministerio de Energía y Minas, las exportaciones mineras alcanzaron los US$ 62 848 millones en 2025. La experiencia histórica también demuestra la vulnerabilidad del país: durante el fenómeno de El Niño de 1982-1983, la actividad minera registró una caída del 7 %, de acuerdo con cifras recogidas por EY. Sin embargo, las consecuencias de un nuevo evento extremo no se limitarían a este sector. Las regiones de la costa norte y central podrían experimentar daños en viviendas, puentes, carreteras y terrenos agrícolas. La producción y distribución de alimentos podrían verse interrumpidas, generando presiones sobre los precios, mientras que el calentamiento del mar afectaría las condiciones de la actividad pesquera. Por otro lado, el déficit de lluvias previsto en sectores de la sierra sur y la Amazonía también podría perjudicar la agricultura y el abastecimiento de agua.
Frente a este panorama, el desafío para el Perú será anticiparse a los posibles daños antes de que las lluvias alcancen sus mayores niveles de intensidad. Las empresas mineras deberán reforzar sus sistemas de drenaje, evaluar sus rutas de abastecimiento, proteger sus instalaciones y actualizar sus planes de emergencia. Paralelamente, las autoridades tendrán que priorizar el mantenimiento de carreteras, la protección de las poblaciones vulnerables y las medidas para asegurar el suministro de agua. El ENFEN continuará actualizando sus pronósticos, con un nuevo comunicado previsto para el 30 de octubre de 2026. La evolución del fenómeno podrá consultarse a través de los canales oficiales del ENFEN, SENAMHI y CENEPRED, cuyas alertas serán determinantes para reducir los riesgos económicos y sociales de los próximos meses.
